La regla de los tercios y cuándo romperla
Es la primera regla de composición que aprende todo el mundo, y por algo. Pero las reglas en fotografía están para entenderlas, no para obedecerlas.
Si solo aprendes una regla de composición en tu vida, que sea esta: la regla de los tercios. Es la primera que enseñan en cualquier curso de fotografía, y por una buena razón: es sencilla de aplicar y mejora las fotos de inmediato. Pero, como todas las reglas en fotografía, no es una ley sagrada, sino una herramienta. Entenderla bien incluye saber cuándo conviene saltársela.
En qué consiste
Imagina la foto dividida por dos líneas horizontales y dos verticales, como un tres en raya, formando nueve casillas iguales. La regla de los tercios dice que los elementos importantes de la imagen quedan mejor colocados sobre esas líneas o, mejor aún, en los cuatro puntos donde se cruzan, en lugar de en el centro. Casi todas las cámaras y móviles permiten activar esa cuadrícula en pantalla, y solo con tenerla a la vista uno empieza a componer mejor sin esfuerzo.
Por qué funciona
El instinto del principiante es poner el sujeto justo en el centro, y el resultado suele ser una foto estática y un poco aburrida. Colocar lo importante descentrado, sobre las líneas de los tercios, crea una imagen más dinámica, más equilibrada y más agradable a la vista, con espacio para que la mirada se mueva. Es un efecto sutil pero real: la misma escena, con el sujeto descentrado, casi siempre resulta más interesante que centrada.
La regla de los tercios no es una ley, es una rueda de apoyo: te enseña a mirar el encuadre hasta que componer bien te sale solo.
El horizonte, un caso claro
Donde la regla de los tercios se ve de manera más evidente es en el horizonte de los paisajes. El error típico es ponerlo justo en la mitad, partiendo la foto en dos. Mucho mejor colocarlo en el tercio superior o en el inferior según qué quieras destacar: si el cielo está espectacular, baja el horizonte para darle más espacio al cielo; si lo interesante está en el suelo, súbelo. Solo con dejar de partir la foto por la mitad, los paisajes mejoran muchísimo.
Cuándo romperla
Y aquí viene lo importante: la regla de los tercios no es obligatoria. Hay composiciones que funcionan mejor centradas, sobre todo las simétricas, donde precisamente la simetría es la gracia: un reflejo perfecto, una fachada frontal, un sujeto en el centro de un entorno que lo rodea. Forzar la regla de los tercios en una escena que pide simetría la estropea. La regla es un punto de partida para aprender a mirar, no una camisa de fuerza.
Interiorízala y olvídala
El objetivo final no es aplicar la regla de los tercios conscientemente en cada foto, sino interiorizarla hasta que componer bien te salga de forma natural. Al principio ayuda tenerla presente, con la cuadrícula activada, colocando los elementos a propósito. Con el tiempo, el ojo se educa y dejas de pensar en ella: simplemente compones bien, y rompes la regla cuando la foto lo pide. Como tantas reglas, hay que aprenderla para luego poder saltársela con criterio.
3 comentarios
Activé la cuadrícula de los tercios en la cámara y mis fotos mejoraron de inmediato. Dejé de poner todo en el centro sin pensar.
Lo de que centrar también funciona a veces, para simetrías, es un alivio. No todo tiene que ir descentrado por norma.
Colocar el horizonte en el tercio de arriba o de abajo según lo que destaca es un truco que uso siempre desde que lo leí.